The Azuero Experience: International Collaboration

by Wesley von Dassow | PCP PIRE Intern

Historia en Español

AzueroPanama.png Map of Panama with Torio on the Azuero Peninsula marked in red. © Map from Google Maps.

For those that are unfamiliar, my name is Wesley and I’m a recent graduate of Lafayette College (Easton, PA) with a degree in geology. I grew up in Florida not too far from UF, but my parents moved to San Juan Island in Washington State while I was in school. Living in Panama has been a great experience for my year off between college and the possibility of graduate school next year. It is hard to believe that we are halfway through this summer, both because we have experienced so much and because it seems to have passed so quickly. I hope to convey to you our experiences living and collaborating with our Colombian counterparts in Azuero as a supplement to Robyn’s note on the work we did there.          

On June 3, 2014, I—being the lone intern licensed to operate a STRI vehicle—was chosen to accompany the University of the Andes instructors to the small town of Torio where their students were waiting. The other PIRE participants would arrive the next night, but for that time I was a lone American in the midst of a large group of Colombian geology instructors and their class of Colombian students. It was daunting at first because I was an outsider who knew but some of the language; I had an especially hard time interpreting the accent and their rapid speech. However, the students were welcoming so acquaintances were made quickly. Overnight we began sharing our backgrounds, our aspirations as young geologists and the languages we spoke. The living situation was tight; most rooms held three to four people with hammocks and air mattresses supplementing a dearth of beds. Others might have become frustrated quickly, but we were quickly incorporated into their large, but tightly knit group.

Days were long in Azuero with little downtime for most, depending on field location. Sometimes the restrictions applied by the tides offered respite for a morning or afternoon, but that time was generally then applied to scouting new areas or editing maps. On one occasion I was assisting Daniel Gongora (UniAndes student) in the creation of a stratigraphic column of Playa Palo Seco when we came across a structurally complex section (faulted) below our feet. We wandered about to try to gain of sense as to what we were looking at, but after comparing sketches we could only constrain part of the geologic section, we decided to move on. Up the beach we found two unconformities that would warrant closer attention. However, upon checking we saw that the tide was advancing quickly, pushed by the winds of an incoming storm, and that two waterspouts had formed some ways offshore. We took a moment to enjoy the scene before us, but it was a clear indication that we would have to leave measuring this section for another day.  

Breakfast was at 6am every day at a small bakery in Torio and around 7am we left for the field to return in the late afternoon; one group drove nearly an hour and hiked up a river for an hour and a half more to reach their field site most days. We shared field techniques and knowledge of how to identify various features in the field. Evenings were spent poring over maps and cataloguing samples. At camp the day’s findings were compared and discussed amongst different groups. Our differences melted away as we worked together seamlessly to solve problems, make discoveries and create a cohesive picture of the geology we were slowly uncovering. After dinner, each day was capped with a full class meeting to synthesize our work and to make sure everyone was on the same page going forward. Collaboration was the reason we were able to achieve as much as we did in that relatively short period of time, both as a group and in the individual projects students had taken on. As Robyn mentioned, some of this work should go on to publication giving us all reason to be proud for having contributed to the effort.

In the midst of all this work we were constantly talking, joking and laughing, mostly in Spanish. Our knowledge of Spanish improved quickly, regardless of level, as we were eager to learn and they were happy to teach. Leaving camp was bittersweet; it meant having some well earned time to relax, but it also meant saying goodbye to the new friends with whom we’d grown so close. What we took away was a fantastic experience and the product of our work (samples) providing the opportunity for our collaboration to continue into the future.

 

La experiencia de Azuero: Colaboración Internacional

Por Wesley von Dassow | Pasante del PCP PIRE

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Mapa de Panamá con Torio, en la península Azuero, marcada en rojo. © Mapa de Google Maps.

Para aquellos que no están familiarizados, mi nombre es Wesley y acabo de culminar mis estudios de pregrado en geología en el Lafayette College (Easton, Pennsylvania). Crecí en Florida, no lejos de la Universidad de Florida, pero mis padres se mudaron a la Isla San Juan en el estado de Washington cuando estaba en la escuela. Vivir en Panamá ha sido una gran experiencia para el año que tomé libre entre mis estudios de pregrado y la posibilidad de la escuela de postgrado el próximo año. Es difícil de creer que estemos a la mitad de este verano, por lo mucho que hemos experimentado y porque todo parece haber pasado muy rápido. Espero poder transmitirles nuestras experiencias viviendo y colaborando con nuestras contrapartes en Azuero como suplemento a la nota de Robyn sobre el trabajo que hicimos allí.

El 3 de junio del 2014, yo, siendo el único practicante autorizado a operar un vehículo del STRI, fui escogido para acompañar a los instructores de la Universidad de los Andes al pequeño pueblo de Torio donde sus estudiantes los esperaban. Los otros participantes del PIRE llegarían la noche siguiente, pero por el momento yo era el único estadounidense en medio de un grupo grande de profesores colombianos de geología y sus estudiantes colombianos. Fue abrumador al inicio pues era el único forastero con poco conocimiento del idioma; tuve mucha dificultad interpretando el acento colombiano y su manera de hablar rápida. Sin embargo, los estudiantes fueron tan acogedores que uno se hacía conocido muy rápido. Por la noche comenzamos compartiendo nuestros antecedentes, nuestras aspiraciones como jóvenes geólogos y los idiomas que hablábamos. La situación de vida era tensa, la mayoría de habitaciones  albergaba de tres a cuatro personas con hamacas y colchones de aire supliendo la escasez de camas. Otros hubieran podido frustrarse rápidamente pero nosotros nos constituimos rápidamente en un grupo grande pero muy unido.

Los días eran largos en Azuero con poco tiempo de inactividad para la mayoría, dependiendo del sitio de campo. Algunas veces, las restricciones aplicadas por las mareas ofrecían un respiro para una mañana o tarde pero este tiempo era generalmente utilizado para explorar nuevas áreas o editar mapas. En una ocasión, estaba asistiendo a Daniel Góngora (estudiante e la Universidad de Los Andes) en la preparación de una columna estratigráfica de la playa Palo Seco cuando nos topamos con una sección estructuralmente compleja (fallada) bajo nuestros pies. Nos preguntábamos cómo encontrar sentido a lo que estábamos viendo pero luego de comparar esquemas solo pudimos constreñir parte de la sección geológica por lo que decidimos continuar. En la playa encontramos dos discordancias que merecían una especial atención. Sin embargo, luego nos dimos cuenta que la marea avanzaba rápidamente, empujadas por los vientos de una tormenta venidera y que dos tifones se habían formado ante nosotros mar adentro. Nos tomamos un momento para disfrutar la escena frente a nosotros, pero esta era clara indicación que teníamos que dejar la medición de esta sección para otro día.

El desayuno era a las 6 am de cada día, en una pequeña panadería  en Torio y alrededor de las 7 am nos dirigíamos al campo para retornar tarde en el día; un grupo condujo por casi una hora y caminaba por el río por una hora y media más para alcanzar su localidad casi todos los días. Compartimos técnicas de campo y conocimiento sobre como identificar varias características en el campo. Las noches las pasábamos estudiando detenidamente mapas y catalogando muestras. En el campamento, los hallazgos del día eran comparados y discutidos entre los diferentes grupos. Nuestras diferencias se desvanecían a medida que trabajábamos juntos sin problemas, haciendo descubrimientos y creando una imagen coherente de la geología que íbamos lentamente descubriendo. Luego de la cena, cada día se culminaba con una reunión de la clase completa para sintetizar nuestro trabajo y asegurarnos que  todos estuviéramos en la misma página en lo sucesivo. La colaboración fue la razón por la que fuimos capaces de culminar tanto como lo que hicimos en el relativamente corto periodo de tiempo, tanto como grupo como en los proyectos individuales que los estudiantes habían asumido. Como lo mencionó Robyn, parte de este trabajo será publicado lo que nos da una razón más para estar orgullosos de haber contribuido en este esfuerzo.

En medio de todo este trabajo estuvimos constantemente conversando, bromeando y riendo, la mayor parte del tiempo en español. Nuestro conocimiento de español mejoró rápidamente, sin importar el nivel, pues estábamos deseosos de aprender y ellos dispuestos a enseñar. Dejar el campamento fue un momento agridulce; significaba tener algún bien merecido tiempo para descansar, pero también significaba decir adiós a nuevos amigos que se habían vuelto muy cercanos. Lo que nos llevamos con nosotros fue una experiencia fantástica y el producto de nuestro trabajo (muestras) que proveerán la oportunidad de una colaboración continua en el futuro.